Pepito, el usuario

04/06/2008 § Deja un comentario

Las desventuras de Pepito, el usuario.
(15 a 20 minutos de lectura.) –
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Una historia ficticia: Imagínate que compras un auto…pero uno muy especial: tiene un sólo asiento. Si quieres asientos para más personas debes pagar nuevamente lo que te costó el auto por cada asiento que agregues. Tiene el capot soldado. Si, soldado, no se puede abrir. No sólo no se puede abrir, sino que es ilegal hacerlo. No puedes prestárselo a nadie, porque no es legal. No puedes cambiarle los neumáticos por otros más vistosos o polarizarle los vidrios, porque infringirías la ley. No puedes llevarlo del mecánico de tu barrio que es un genio de los motores, porque al tener el capot soldado, no puede repararlo. Ni siquiera puede mirar lo que hay dentro. ¿ Tendrá un motor como el que dicen ? ¿ Cómo será ese motor ? ¿ Y si tiene algo más ?. Nadie lo sabe.

Para colmo, se te queda el auto en el medio de la carretera. Llamas al soporte técnico de la empresa que lo hace, y luego de pasarte una factura -no tienen un pelo de tontos- , te sugieren muy amablemente que esperes un tiempo, porque esa falla será corregida en el nuevo modelo que sale dentro de un año (se va a llamar “Vista Car”), y que por el momento lo que puedes hacer con el tuyo, para que vuelva a arrancar, es probar bajar y volver a subirte.
Al tiempo alguien toca el timbre de tu casa: son los abogados de “auto legal”, que vienen a inspeccionar que hayas pagado la correspondiente licencia para usar tu “Auto XP” (-“mostrando, mostrando, vamos, una licencia por cada asiento…no te hagas el tonto”, te dicen). Más te vale tener la licencia en regla, porque la multa puede ser suculenta. Y si no quieres que te inspeccionen, unos señores de azul que los acompañan te harán entender (muy cordialmente, por supuesto) de que estás equivocado.

Luego de un año sacan el auto modelo “Vista Car”. Todos los medios periodísticos se hacen eco del “nuevo y mejorado” modelo, por supuesto, cantando loas como si fuese la octava maravilla. Sin embargo, gasta mucha más nafta que el “modelo XP”. Hace lo mismo…pero es más lento e incómodo de usar. Y viene con un único asiento. Es un elefante (pero un elefante excedido de peso) que no entraría en el garage de tu casa. Así que sigues con el modelo XP. Justamente estás necesitando otro asiento, para llevar a tu señora al trabajo. Llamás a “M & S Cars” y preguntás cuánto cuesta un nuevo asiento para el “modelo XP”, que es el que tienes y usas todos los días, pero te dicen que no se vende ya. Que tendrías que cambiar el auto… por el “modelo Vista”. Y de paso, construir un nuevo garage o ampliar la capacidad del que tenías.

Al final, tienes que pasar por el aro de “M & S Cars”, teniendo que confiar (a la fuerza) en una empresa que acumuló, sólo en los últimos diez años, más pleitos que Al Capone en toda su vida.

¿ Esa situación te resulta familiar ? ¿ Te parece algo absurda -en cierta forma lo es, a pesar de que nos quieran hacer creer que eso es lo “normal”- ?
Así funciona el software “propietario”. El modelo de negocios “tradicional” por el cual se “vende” (ya veremos que el término vender es bastante desacertado) un software es más o menos así:

* El usuario necesita un software para cualquier área (desde llevar el stock de su negocio hasta componer una partitura musical).
* El usuario encarga a un programador el desarrollo de ese software según sus requerimientos, o bien lo compra ya “enlatado”, o sea un software ya hecho y que tiene las prestaciones que está necesitando.
* Lo que hace el señor “usuario” es pagar una “licencia de uso”. Esta licencia no significa que el software que pagó pase a ser suyo, sino que consiste en un “contrato” por medio del cual adquiere un permiso de uso (bastante semejante a un “alquiler”) del software a la empresa que lo creó o la que lo comercializa.
* El usuario recibe un CD con el binario del software y las instrucciones para instalarlo en su PC. A veces el mismo desarrollador (o un representante) se encarga de la instalación y “puesta en marcha” del software.

Este modelo se conoce como “venta de licencias” (la licencia viene impresa junto al software -cuando viene- en elegante “letra chica”), y normalmente aplica, a la copia del software que el usuario tiene, varias restricciones. Las más importantes son:

1) Propiedad del software: la licencia autoriza a que el usuario use el programa, pero dicho programa sigue perteneciendo única y exclusivamente a la empresa que lo creó.

2) Licencia “por puesto”: el software sólo se podrá instalar en una única computadora. En caso de querer hacerlo en más de una, se deberá adquirir otra licencia. Un equipo = una licencia de uso. Instalarlo en más de un equipo sin el pago de la correspondiente licencia es ilegal y podría suponer para el usuario desde una abultada multa hasta unas apetecibles vacaciones a la sombra. (Sí: prisión).

3) Está prohibido el “desensamblado” del software y cualquier tipo de modificación al mismo por parte del usuario o de terceros, bajo una penalización similar al punto anterior.

4) La copia del software y su trapaso a terceros también constituye un delito. Sólo se permiten copias del medio de almacenamiento (en nuestro ejemplo, el CD) por parte del mismo usuario y a modo de “copia de seguridad” (backup).

5) No se permite la “reventa” de la licencia a un tercero.

6) Si el software contiene código de encriptación de alto grado de seguridad, “made in USA”, no podrá distribuirse en países que tengan restricciones de exportación desde ese país, como ser Cuba, Corea del Norte, Libia, y otros.

-“¿ Y en qué me preocupa esto ?” -Dice un usuario desprevenido llamado casualmente “Pepito” . -“Yo pago mi licencia, uso el programa y listo”.

Sin embargo…estas restricciones pueden traerle varios dolores de cabeza. La principal limitación es que no se dispone del el código fuente del software. Sólo se tiene el binario (el fuente queda en poder de la empresa que hizo el programa, bajo siete llaves).

Este modelo de “comercialización” se conoce como “software propietario” (o “software cerrado”, debido a la imposibilidad de disponer de los fuentes). Bajo este modelo de comercialización encontramos software tan conocido como Microsoft Windows, Microsoft Office, software “enlatado” como por ejemplo el sistema administrativo “Tango”, software para diseñadores como Corel Draw, Adobe Photoshop, Visual Basic, etc.

El no disponer de las fuentes puede ser un problema en situaciones como las siguientes:

* Nadie más que la empresa propietaria del software podrá hacer modificaciones al mismo. Hablo de modificaciones para corregir errores, agregar nuevas prestaciones, cambios para adaptarlo a un uso en particular. ¿ Y porqué ? Porque son los únicos que tienen el código fuente. Si el usuario necesita alguna modificación, podrá pedírsela a la empresa (que en muchos casos suele ser una multinacional “en el gran país del norte”) y esta evaluará si es viable o no.
Muchas veces la respuesta es “ESO será corregido en la próxima versión” o directamente se lo ignora, ya que no resulta rentable modificar puntualmente algo que se vende en forma masiva. Este infortunado usuario, si la empresa creadora del software no lo tiene en cuenta, tampoco podrá llamar a otro programador para que haga el trabajo, ya que sólo cuenta con el binario. Está totalmente cautivo; atado de pies y manos.

* En el caso de instituciones educativas, la naturaleza tipo “caja negra” (además de los impedimentos legales) del software propietario impide su estudio por parte de los alumnos y profesores.

* Hay casos (como un conocido software para diagnóstico de automotores) que sólo dan soporte a la última versión. Esto obliga al usuario a actualizar el software permanentemente (aunque no necesite realmente esas actualizaciones), de lo contrario ante un problema, nadie lo ayudará.

* La forma en que el software propietario guarda la información muchas veces no está documentada y tampoco se puede ver de qué manera lo hace .Si nuestro sufrido usuario cambia por ejemplo su sistema de stock por otro, el nuevo sistema no podrá (o en el mejor de los casos se hará muy complicado) poder llegar a leer la información que guardaba el sistema anterior. ¿ Nunca se preguntaron porqué el software competidor de Microsoft Office no puede leer los documentos generados por este al 100 % ? La respuesta es simple: la forma en que se guardan los documentos de MS Word o las planillas de cálculo de MS Excel no está documentada, y lo que se conoce es en base a estudiar “o diseccionar” los archivos e intentar entender qué es lo que guardan ahí. Esto se llama “ingeniería inversa” y además de ser un trabajo “de chinos” (puede convertirse en una verdadera pesadilla si el “formato” de los datos es complejo -y generalmente lo es-), en varios países es además ilegal.

* El tener total control sobre el software, hace que casi siempre sólo se comercialicen licencias sólo de las última versión. A veces un usuario requiere una versión del software algo más antigua por varias razones (porque tiene un equipo antiguo, porque las prestaciones de la versión antigua le son más que suficientes, o motivos puramente económicos, ya que supone que una versión más antigua tendrá un costo menor en la licencia). Tuve ese problema al intentar adquirir una licencia de un Windows 2000 para uso en un equipo industrial, pero sólo me vendían el Windows Vista. Eso o nada. El trato a que se llega a veces es “pague la licencia de la última versión, pero use una antigua”.

* Dificultad para la comunicación: el software propietario puede usar protocolos de comunicación no documentados, lo que impide que otro software pueda intercambiar información con él. Ante un problema de esa naturaleza, y ante la falta de información disponible sobre dicho protocolo (y la ausencia del código fuente donde se podría ver cómo se implementa), nuevamente se tiene que echar mano de la “ingeniería inversa”. Lo que se convierte en un problema de nunca acabar, ya que los autores de protocolos propietarios van introduciendo cambios que nuevamente se tendrán que descifrar, y así sucesivamente.

* No se sabe con exactitud si el programa hace “algo más” que lo que el “fabricante” dice que hace. No se puede ver lo que hace, ya que sólo se dispone de el binario. Esto es especialmente delicado en software que se encarga de trabajar con datos de carácter confidencial. Buena parte del software que guarda datos sobre nuestros impuestos, sobre nuestras cuentas bancarias, sobre nuestra misma identidad, está basado en software propietario, perteneciente a multinacionales. Se han descubierto “puertas traseras” (o modos de ingresar a la información) ocultas, a propósito, en este tipo de software.

* Se tienen varios equipos, y al tener que adquirirse licencias “por puesto” , el costo se multiplica por la cantidad de equipos que se tenga y puede llegar a cifras elevadísimas. Hagamos números para un equipo básico (uso típico en una oficina):

-Licencia de Windows Vista: $ 750.
-Licencia de Microsoft Office: $ 800.
-Licencia del Antivirus: $ 150 (más el costo de la suscripción periódica para poder mantenerlo actualizado).

Costo total de licencias para un equipo: $ 1700 (actualizable al valor del dólar). Sí…el costo de las licencias supera el costo de una PC de gama media. Ahora hay que multiplicar esos $ 1700 por la cantidad de equipos que tenga la empresa. Y eso sin contar software para uso más específico, como el usado en ingeniería, arquitectura, diseño gráfico, gestión comercial, etc. etc.

Es interesante recalcar algo: el software propietario vende copias (licencias) de un bien intangible (y dada su naturaleza puramente digital, con un costo de duplicación y distribución que tiende a cero). Costosas copias de un bien inmaterial que no se consume y se puede duplicar indefinidamente, comercializándolo igual que un bien tangible como una silla o una manzana.

Es mucho dinero. Muchísimo dinero. Dinero que en muchas ocasiones lo paga el ciudadano, con sus impuestos. Y lo paga aún existiendo alternativas libres a un costo mucho menor (además de otras ventajas no menos importantes!!

Entonces… de qué sirve usar SOFTWARE PRIVATIVO, habiendo alternativas libres baratas y eficientes ?
PIENSENLO. El cambio empieza en uno.

– Extraído y adaptado de una serie de artículos vista en el foro de Ubuntu-Ar, escrito por rretamar .

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